Queridos seguidores, les cuento que en Paraguay (por si alguno vive en otro país) las modelos y las aspirantes a reinas de belleza, todas, pero todas, han leído Yo El Supremo y lo mantienen como libro de cabecera.
Siempre me sentí disminuída por ello, ya que las primeras lecturas de ese clásico que trajo el Cervantes al Paraguay me pareció aburrido e insulso. Estaba equivocada, no había perseverado lo suficiente. Ahora lo tuve que leer por obligación y ¿están sentados? ¡Ya llegué a la página 50 sin desmayar en el intento!
A medida que voy avanzando le encuentro tanto sentido del humor, tanta ironía y tanta sabiduría del autor que me asombra no haberlo leído antes. Es realmente un supremo de nuestra literatura. Además, están tan bien delineados los dos persoanjes, El Supremo y Nicanor Patiño, en páginas ausentes de descripciones fatigosas, yendo ambos al meollo de la cuestión en una dialéctica viva,ágil, profunda y graciosa, que me parece verlos en una habitación en penumbras, iluminada por pocas velas - por la austeridad del amo y señor. Los dos hablando, pintando escenas pasadas y futuras con palabras, con la magia de las palabras, supremas expresiones de las ideas.
Cuando termine la lectura haré un comentario en serio, pero tengo que contarles que con el paso del tiempo me siento más linda, más joven, más alta, más delgada y más rubia. ¡Con razón lo leen las modelos. Seguro que Egny Eckert ha descubierto esos beneficios hace tiempo y ahora es una de las más votadas en el concurso de belleza donde participa.
Lean a Roa chias, es mejor que una lipo.
martes, 19 de octubre de 2010
jueves, 14 de octubre de 2010
Mi cumpleaños
En los blogs que frecuento los autores suelen poner todo su perfil, qué les gusta, sus hobbies y otras minucias que los acercan más a lectores desconocidos. Bueno, yo no tengo ganas de publicar todo mi perfil - de escritora ñata- pero voy a confesar que me desvela el tema de mi cumpleaños.
Cuando comienzo a meditar sobre ese fausto día, que rememora mi aparición en el mundo, escucho dos voces: una me dice que no festeje, que me canso mucho, que la casa nunca está impecable, que no tengo tantas comodidades y que es preferible salir a comer afuera. La otra voz, en cambio, susurra: vas a dejar a tus amigas y a tus seres queridos con ganas de reunirse, sos muy egoísta, qué te cuesta hacer algo sencillo, algo frio para que la gente pueda venir a comer comodamente, sentarse donde pueda para charlar y ponerse al día con las novedades.
Entre esas dos voces, mi verdadero sueño es tener un cumple inolvidable, con mis amigas de todos los ámbitos, las escritoras, las periodistas, mis hermanas, mis hermanos, mis hermanos putativos "los Saldivar", mi prima Marilén y mis hermanas y primas políticas que todos los años me aqcompañan. Me gustaría que haya música, que ls "putisas" bailen vestidas solo con peplos transparentes, que los hombres fumen y discurran sobre filosofía, futbol y el tema obligado:Larisa Riquelme. Que los niños, si vienen, estén quietos y no hagan muchos desastres.
Aún no decido que haré, por el momento sueño.
Cuando comienzo a meditar sobre ese fausto día, que rememora mi aparición en el mundo, escucho dos voces: una me dice que no festeje, que me canso mucho, que la casa nunca está impecable, que no tengo tantas comodidades y que es preferible salir a comer afuera. La otra voz, en cambio, susurra: vas a dejar a tus amigas y a tus seres queridos con ganas de reunirse, sos muy egoísta, qué te cuesta hacer algo sencillo, algo frio para que la gente pueda venir a comer comodamente, sentarse donde pueda para charlar y ponerse al día con las novedades.
Entre esas dos voces, mi verdadero sueño es tener un cumple inolvidable, con mis amigas de todos los ámbitos, las escritoras, las periodistas, mis hermanas, mis hermanos, mis hermanos putativos "los Saldivar", mi prima Marilén y mis hermanas y primas políticas que todos los años me aqcompañan. Me gustaría que haya música, que ls "putisas" bailen vestidas solo con peplos transparentes, que los hombres fumen y discurran sobre filosofía, futbol y el tema obligado:Larisa Riquelme. Que los niños, si vienen, estén quietos y no hagan muchos desastres.
Aún no decido que haré, por el momento sueño.
COMENTARIO DE LIBRO
FANTASMAS PEREGRINOS – Victorio Suárez – Editorial Servilibro
– 2010.
Hace ya un tiempo que Victorio Suárez viene experimentando una nueva manera de contar cuentos. Esa modalidad que eligió exige mucho más del lector, ya no se trata de esperar un final inesperado y un chisporroteo de palabras encadenadas, no. En este tipo de narraciones, casi oníricas, Suárez nos obliga a penetrar en sus laberintos, para no sentirse tan solo.
Hablemos primero de lo difícil, de los relatos que piden mayor atención y más acompañamiento. Ellos describen escenas en un soliloquio de la memoria, una memoria sin sustancia, como si ella pudiera existir fuera de un cuerpo. En esos cuentos hay paisajes diferentes, con puertos y peces escamosos, hay neblina y viento sur, zaguanes – refugios, hoteles con cuartos que conservan huellas de relaciones pecaminosas, olores culpables. El lector debe hallar el hilo conductor, debe deslizarse pegado a las paredes de habitaciones grises, sin esperanzas de redención. Tiene que arrastrar rencores, ser solidario con esas voces que sufren. No teman, todo es bello, con la hermosura de la corrupción de los recuerdos macerados en agua de lluvia.
Pero, de pronto, como surgiendo en un amanecer venturoso, Victorio regresa a la realidad de su patria y su vena de poeta sensual se regodea con el río que brama muy cerca de Varadero, ese rincón de la ciudad, en el país y en el mundo, que canta al sol su himno de ropas tendidas al viento. El autor cuenta como un cronista muy involucrado, la vida de los que decidieron vivir allí, sobre la tierra roja, al borde las barrancas, gozar de noches de bohemia en burdeles sencillos y peligrosos. Un barrio tan inspirador como las nalgas broncíneas de la negra Tumba Sulunga que se tiraba al río cada tarde para ser la gloriosa nereida de Varadero.
Un libro con tal dicotomía, al precio de uno, nadie se lo puede perder.
– 2010.
Hace ya un tiempo que Victorio Suárez viene experimentando una nueva manera de contar cuentos. Esa modalidad que eligió exige mucho más del lector, ya no se trata de esperar un final inesperado y un chisporroteo de palabras encadenadas, no. En este tipo de narraciones, casi oníricas, Suárez nos obliga a penetrar en sus laberintos, para no sentirse tan solo.
Hablemos primero de lo difícil, de los relatos que piden mayor atención y más acompañamiento. Ellos describen escenas en un soliloquio de la memoria, una memoria sin sustancia, como si ella pudiera existir fuera de un cuerpo. En esos cuentos hay paisajes diferentes, con puertos y peces escamosos, hay neblina y viento sur, zaguanes – refugios, hoteles con cuartos que conservan huellas de relaciones pecaminosas, olores culpables. El lector debe hallar el hilo conductor, debe deslizarse pegado a las paredes de habitaciones grises, sin esperanzas de redención. Tiene que arrastrar rencores, ser solidario con esas voces que sufren. No teman, todo es bello, con la hermosura de la corrupción de los recuerdos macerados en agua de lluvia.
Pero, de pronto, como surgiendo en un amanecer venturoso, Victorio regresa a la realidad de su patria y su vena de poeta sensual se regodea con el río que brama muy cerca de Varadero, ese rincón de la ciudad, en el país y en el mundo, que canta al sol su himno de ropas tendidas al viento. El autor cuenta como un cronista muy involucrado, la vida de los que decidieron vivir allí, sobre la tierra roja, al borde las barrancas, gozar de noches de bohemia en burdeles sencillos y peligrosos. Un barrio tan inspirador como las nalgas broncíneas de la negra Tumba Sulunga que se tiraba al río cada tarde para ser la gloriosa nereida de Varadero.
Un libro con tal dicotomía, al precio de uno, nadie se lo puede perder.
viernes, 8 de octubre de 2010
QUIEN SOY
Después de leer la biografía tan formal que aparece en mi blog y en mi página web me arrepentí. Por eso les cuento quien soy, verdaderamente. En primer lugar me considero una escritora en vías de extinción, quiero vivir mucho más, pero reconozco que ya vivi bastante. Leo a autores jovenes y me doy cuenta de que mi mirada está demasiado cargada de experiencias y que, para crear, voy al desvan de mis recuerdos. Hablo del pasado o cuento historias atemporables, que quizás no interesen mucho.
Desde el punto de vista de mi lugar en el mundo debo confesar que soy madre y abuela, tengo cuatro hijos y cuatro nietos, soy rica.También, en este sincericidio tendré que admitir que, como ama de csa, soy pésima y como cocinera estoy aplazada. Mi familia es generosa y delgada, prefieren comer afuera.
Como diabética, soy desobediente, la computadora me atrae mucho más que una buena caminata y las pastas me llevan a cometer pecados que no figuran en el index de la iglesia.
En fin, algo positivo hay en mí, soy muy nteligente y logré convencer a mi novio de que se case conmigo, hasta ahora es mi mayor logro. Todavía trabajo y sigo escribiendo porque, como decía mi abuela: nunca falta un roto para un descosido que, traspolado a mi tarea de escritora sería: nunca falta un lector para un escritor, por más amalo que sea.
Desde el punto de vista de mi lugar en el mundo debo confesar que soy madre y abuela, tengo cuatro hijos y cuatro nietos, soy rica.También, en este sincericidio tendré que admitir que, como ama de csa, soy pésima y como cocinera estoy aplazada. Mi familia es generosa y delgada, prefieren comer afuera.
Como diabética, soy desobediente, la computadora me atrae mucho más que una buena caminata y las pastas me llevan a cometer pecados que no figuran en el index de la iglesia.
En fin, algo positivo hay en mí, soy muy nteligente y logré convencer a mi novio de que se case conmigo, hasta ahora es mi mayor logro. Todavía trabajo y sigo escribiendo porque, como decía mi abuela: nunca falta un roto para un descosido que, traspolado a mi tarea de escritora sería: nunca falta un lector para un escritor, por más amalo que sea.
sábado, 2 de octubre de 2010
LA PRINCESA TRISTE DEL MERCADO CUATRO
LA PRINCESA TRISTE DEL MERCADO CUATRO – Rubén Sapena Brugada.
Coedición de UNINORTE y CRITERIO Ediciones –
234 páginas – Edición Agosto de 2010.
Rubén Sapena B. demuestra con creces los beneficios de la lectura, en una entrevista ha dicho que nunca fue escritor ni tampoco acudió a un taller literario, pero que ha leído mucho y desde que comenzó, a los quince años, no ha dejado de hacerlo ni un solo día. Posee un excelente manejo de la lengua, esencial para quien desee escribir, así como también imaginación, cultura y – como buen arquitecto - sabe estructurar sus novelas.
En esta obra en especial, sus dos protagonistas se mueven con soltura en mundos muy contrastados. La acción tiene escenarios diferentes, el primer mundo europeo, con detalles de refinamiento que nos recuerdan a aquel veterano héroe de Ian Fleming, James Bond. Pero no todo es lujo y placer, como un gran conocedor de nuestra realidad y nuestra idiosincrasia, Sapena describe cómo se vive y cómo se sufre en algún pueblito perdido del interior del país. Y, por último pero no menos importante, se encuentra uno de los personajes principales: el Mercado Cuatro, ese microcosmos que tiene sus propios códigos y sus personajes dignos de figurar en una picaresca nacional.
Anita Caliente, nombre de guerra de La princesa triste, está muy bien retratada, el lector la siente como si fuera de carne y hueso, es querible y más de uno la identificará con otras princesas que deambulan en la miseria de Pettirossi soñando con un mundo de ensueño. El ascenso de Ana al universo del poder y del dinero no fue fácil, pero ella se empeñó hasta lograrlo. La inteligencia de la joven la ayudó a superar la miseria y la prostitución en la que estaba sumida, incentivada por el deseo de ser una mujer del mismo nivel de un play boy paraguayo del que se había enamorado. Y ya es momento de hablar de Manolo, la otra figura, el narrador de esta aventura. Desde el punto de vista femenino, él es un hombre normal, silvestre y hasta algo cobarde. Muy tradicional, iba de putas en una época en la que la virginidad era un artículo valioso, pero al llegar el momento se casó con la mujer apropiada. Vivió valiéndose de sus relaciones, que lo ayudaban en su profesión. Ya maduro, Manolo vuelve a encontrarse con su ex compañera de lecho, Anita, convertida en todopoderosa periodista, amante del capo mafioso del momento e insustituible bisagra que podría abrirle el camino para un gran negocio que para Manolo era vital.
Señores lectores, los elementos están servidos, gocen de la lectura de la novela.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Neruda, su nueva chaqueta y el schnautzer
A pocos días del aniversario de su muerte, prefiero recordar al poeta con una anécdota que leí en unas memorias de Zelia Gatai, esposa de Jorge Amado. En ese libro ella rememora su estadía en París, de donde fueron echados con su ilustre esposo y su hijito de pocos meses, a pedido de la dictadura que gobernaba en Brasil. La pequeña familia se refugió en Checoeslovaquia, en un castillo que el gobierno comunista de ese país ofrecía a los escritores de manera gratuita para que se hospedaran por largas temporads y escribieran allí, comodamente instalados. El castillo estaba ocupado por otros poetas checos y por los empleados que los servían amablemente. Zelia se dedicaba a recorrer los alrededores mientras Jorge Amado se inspiraba. A veces llegaba hasta Praga, como cualquier turista. En esa hermosa ciudad vivía otro escritor que le había dejado en custodia su perro, cuando él salió de vacaciones. Era un schnautzer ( no se si está bien escrito) y ella tuvo que extremar su vigilancia, porque su bebé comenzaba a caminar y el perro a comer todo lo que encontraba a su paso, aunque fueran los objetos más increíbles. Cuando el dueño regresó, Zelia le contó lo que había hecho y el dueño prometió que lo corregiría.
De pronto llegaron de visita por Praga, Pablo Neruda y su esposa Matilde. El dueño del perro invitó a cenar a las dos parejas, a los Amado y a los Neruda. Era una noche muy agradable y Neruda estaba feliz como un niño porque estrenaba una chaqueta a cuadros comprada en París. Paseaba ufano por la sala mostrando su elegancia hasta que decidió sacársela, colgarla del respaldo de una silla e ir al comedor a gozar de la cena.
Mientras cenaban, el dueño de casa explicó que su perro había sido sometido a un tratamiento sicológico, por un gran especialista y que estaba totalmente curado de sus mañas.
La cena trasncurrió muy bien, hubo brinds y buenos deseos y, cuando llegó el momento de retirarse, Neruda fue a buscar su chaqueta. Encontró la mitad, la parte de abajo se la había comido integramente el perro. El poeta casi lloró pero comprendió que el famoso sicólogo era un timador.
De pronto llegaron de visita por Praga, Pablo Neruda y su esposa Matilde. El dueño del perro invitó a cenar a las dos parejas, a los Amado y a los Neruda. Era una noche muy agradable y Neruda estaba feliz como un niño porque estrenaba una chaqueta a cuadros comprada en París. Paseaba ufano por la sala mostrando su elegancia hasta que decidió sacársela, colgarla del respaldo de una silla e ir al comedor a gozar de la cena.
Mientras cenaban, el dueño de casa explicó que su perro había sido sometido a un tratamiento sicológico, por un gran especialista y que estaba totalmente curado de sus mañas.
La cena trasncurrió muy bien, hubo brinds y buenos deseos y, cuando llegó el momento de retirarse, Neruda fue a buscar su chaqueta. Encontró la mitad, la parte de abajo se la había comido integramente el perro. El poeta casi lloró pero comprendió que el famoso sicólogo era un timador.
martes, 3 de agosto de 2010
EL SANTO DE LA GUITARRA Y EL PERSEGUIDOR
Desde el momento en que conocí a Carlos Salcedo Centurión me impresionó como un hombre poseído por una gran obsesión. Esa obsesión, esa fiebre, esa pasión es Agustín Pío Barrios. Antes de la aparición de Salcedo en el escenario cultural y musical de este país, muchos paraguayos sabían, vagamente, que Mangoré había sido un gran guitarrista y que había vivido en su infancia, en San Juan Bautista. Me atrevo a decir que aparte de los concertistas de guitarra clásica, que lo admiraban, Barrios o Nitzuga Mangoré, era poco conocido por el pueblo, más inclinado a admirar a los creadores en música popular. Carlos Salcedo vino a sacudir el árbol de la memoria para que Barrios sea ubicado en el sitial que merece, al lado de otros grandes genios de la música de Paraguay.
Desde el momento en que Salcedo Centurión llega a la patria de sus padres, él nació en los Estados Unidos, comienza a luchar para que renazca el recuerdo de Mangoré. Algunos quedaron tocados por el hechizo de Barrios y su vida aventurera y romántica, otros continuaron tan indiferente como antes.
En Paraguay había no había “Mangoreanos”, que viene a ser como una secta de adoradores de Mangoré, cuyos afanes son: ir descubriendo – para los que lo ignoran - el talento infinito de ese compositor y guitarrista muerto en El Salvador en 1944. Sí existían en ese país, donde vivían sus alumnos, los que compartieron con el Maestro sus últimos años de vida. El Salvador –haciendo honor a su nombre- le tendió la mano cuando él se encontraba enfermo y cansado, en esa tierra Barrios halló apoyo, cariño y ganó la adoración de los discípulos que fueron llegando hasta su humilde casa para aprender los secretos de la guitarra clásica.
Carlos Salcedo seguía avanzando para cumplir sus metas: hacer que Barrios sea reconocido en su país natal, lograr que los tesoros mangoreanos queden aquí, como patrimonio nacional de los paraguayos, escribir su biografía y realizar un filme sobre la vida de Nitzuga Mangoré, autor de más de 200 composiciones para guitarra clásica.
Estos años fueron para Salcedo años de lucha, de insistir, de batallar para que la prensa especializada le diera espacio, años de pelear contra acusaciones infundadas, tiempo perdido para demostrar que, a pesar de ser gringo, no era millonario y que, si se ha embarcado en esa cruzada por Mangoré, lo hizo porque la cree una causa justa, como es evitar que la existencia de un genio como Agustín Pío Barrios cayera en el olvido y mucho menos que lo olvidaran los paraguayos.
Entre tantas iniciativas, llevadas a cabo con la colaboración de amigos contagiados de su pasión, las más conocidas son: la restauración del busto de Agustín Pío Barrios ubicado en el Parque Caballero; la emisión de una estampilla rememorando un aniversario muy importante del fallecimiento del guitarrista y compositor, que el Correo Paraguayo accedió a emitir. Salcedo consiguió que se devolviera una de las guitarras de Barrios, que un folklorista había llevado a su casa “para que no se robe” y que se encuentra actualmente el Museo de la Música, en el Centro Cultural “El Cabildo”. Carlos Salcedo fue caminando hasta San Juan Bautista, Misiones llevando un cuaderno similar al que acostumbraba a llevar Barrios en sus giras, recorriendo el camino inverso que siguió Mangoré en Paraguay, antes de salir al extranjero. En ese cuaderno o álbum, la gente que hablaba con él dejaba una impresión escrita sobre la iniciativa del investigador. Así, demorando varios días, este perseguidor de la historia de Barrios fue conociendo un Paraguay diferente, hablando con personas humildes y sinceras, que muy poco sabían de Mangoré.
Además, este “yanquiguayo” halló pruebas del paso de Barrios por Cuba, rescató programas de los conciertos del Maestro y los trajo para enriquecer el acervo paraguayo sobre el músico. También viajó a Salerno, Italia, tierra donde murió la esposa brasileña de Mangoré, Gloria Silva, allí se entrevistó con descendientes del segundo marido de Silva. Siguiendo la ruta mangoreana, los viajes más importantes que Salcedo hizo son a El Salvador, a Venezuela, al Brasil, a Cuba y en todos ellos encontró huellas dejadas por Barrios que fueron integradas a su investigación.
El aporte de Richard “Rico” Stover, concertista de guitarra y autor del libro “Seis Rayos de Plata”, biografía de Mangoré, es también importantísimo. Stover cayó hace años bajo el hechizo de Barrios, desde entonces se dedicó a difundir su música y a escribir su biografía. Hace muy poco tiempo, en abril de este año, luego de 20 años volvió a editar ese libro, ésta vez en Paraguay, con el mismo título y en una edición muy enriquecida por el aporte del Centro de Proyectos Barrios Mangoré, dirigido por Carlos Salcedo Centurión.
Con el resultado de su “persecución” Salcedo publica en 2007, un libro “Agustín Barrios MANGORE “EL INALCANZABLE”, en una edición de lujo, bilingüe e ilustrada con fotos inéditas hasta entonces y una historia completa de la vida del músico. Proyecto que le fue posible realizar gracias al apoyo decidido de Margarita Morselli, directora del Centro Cultural El Cabildo, quien obtuvo los fondos del Congreso Nacional, necesarios para la publicación del volumen.
El jueves 29 se estrenó en el Salón de Conferencias del Banco Central del Paraguay la película “Santo de la guitarra – la historia fantástica de Agustín Pío Barrios”, corolario –por ahora- de la titánica tarea emprendida por Carlos Salcedo Centurión. Él es el realizador, guionista, director y factotum para la concreción del filme, pero siempre destacó la colaboración valiosísima de cineastas locales como Agu Netto y otros que, sin dudar, lo acompañaron desde el inicio y se brindaron generosamente al proyecto. El Estado paraguayo no ayudó con un céntimo para la concreción de este filme que competirá desde ahora –durante dos años- en el circuito de grandes premios internacionales de cine documental. Carlos Salcedo golpeó todas las puertas de los organismos culturales que hubiesen podido ayudarlo, pero nadie respondió.
El Dr. Carlos Bracamonte, Víctor Urrutia, los hermanos Endrino, todos alumnos de Mangoré son protagonistas del filme, así como un gran amigo de Mangoré: Otto Schleusz –organizador de conciertos de Barrios en Alemania –.
Ellos son ilustres Mangoreanos salvadoreños, ya todos muertos. El último en fallecer fue Urrutia, a los 97 años, el 1º de agsoto de 2010. Salcedo fue avisado del fallecimiento por el Dr. Carlos Payés, mangoreano de ley, que es devoto admirador de Barrios. Payés tiene mucha participación en el documental, allí cuenta que fue él quien hizo conocer a John Williams las composiciones de Mangoré, en sus partituras originales.
SANTO DE LA GUITARRA, LA PELICULA
La película toca la sensibilidad de quien la mira, por su intensa y profunda belleza. Salcedo advirtió que la obra es un homenaje a los músicos y que las escenas de los ángeles – de antología - son un tributo a Tomás Alea, director de cine, cubano.
El último tramo de la vida de Agustín Pío Barrios es el núcleo del filme y es relatado por quienes fueron sus discípulos, ya muy ancianos cuando Salcedo los entrevistó. De allí proviene la riqueza formal y de fondo de esa película. También contiene valiosos testimonios de dos grandes músicos paraguayos, Sila Godoy y Felipe Sosa. El fondo musical es música de Mangoré y solo hay una creación del Maestro Felipe Sosa.
La película es más bien un docudrama, como lo denomina Salcedo, con mucho acierto porque no es un documental frío y técnico, hay en él un hilo narrativo, un eje central, y se puede escuchar la música interna, la de los sentimientos y la emoción.
Los alumnos que conocieron al Maestro, lo recuerdan, dan detalles de lo que fueron sus últimos años y siguen venerándolo. Creo que ningún actor profesional hubiese podido imprimir tanta vibración como la que estos hombres le dan a sus parlamentos.
Los que fueron discípulos de Barrios impresionan por la soledad en que viven, son hombres solos, enfermos, pobres y muy dignos, que lamentaban, aún en el momento de las entrevistas, que su Maestro no haya tenido más fortuna en el mundo artístico. La mayoría de las veces los obstáculos se debían a la envidia de sus colegas, como en el caso de Andrés Segovia, que prohibía a sus alumnos interpretar obras de Agustín Pío Barrios.
Para mi hay, dos escenas, en blanco y negro, dignas del mejor cine. Una de ellas es la de los ángeles, incluyendo el ángel arrodillado que, sencillamente podrían calificarse como inigualables. La otra es la del cementerio de los Ilustres, donde se ve a Bracamonte y a su amigo Otto, caminando lentamente, así como caminan los viejitos, muy despacio, porque no quieren irse todavía.
Lita Pérez Cáceres
Desde el momento en que Salcedo Centurión llega a la patria de sus padres, él nació en los Estados Unidos, comienza a luchar para que renazca el recuerdo de Mangoré. Algunos quedaron tocados por el hechizo de Barrios y su vida aventurera y romántica, otros continuaron tan indiferente como antes.
En Paraguay había no había “Mangoreanos”, que viene a ser como una secta de adoradores de Mangoré, cuyos afanes son: ir descubriendo – para los que lo ignoran - el talento infinito de ese compositor y guitarrista muerto en El Salvador en 1944. Sí existían en ese país, donde vivían sus alumnos, los que compartieron con el Maestro sus últimos años de vida. El Salvador –haciendo honor a su nombre- le tendió la mano cuando él se encontraba enfermo y cansado, en esa tierra Barrios halló apoyo, cariño y ganó la adoración de los discípulos que fueron llegando hasta su humilde casa para aprender los secretos de la guitarra clásica.
Carlos Salcedo seguía avanzando para cumplir sus metas: hacer que Barrios sea reconocido en su país natal, lograr que los tesoros mangoreanos queden aquí, como patrimonio nacional de los paraguayos, escribir su biografía y realizar un filme sobre la vida de Nitzuga Mangoré, autor de más de 200 composiciones para guitarra clásica.
Estos años fueron para Salcedo años de lucha, de insistir, de batallar para que la prensa especializada le diera espacio, años de pelear contra acusaciones infundadas, tiempo perdido para demostrar que, a pesar de ser gringo, no era millonario y que, si se ha embarcado en esa cruzada por Mangoré, lo hizo porque la cree una causa justa, como es evitar que la existencia de un genio como Agustín Pío Barrios cayera en el olvido y mucho menos que lo olvidaran los paraguayos.
Entre tantas iniciativas, llevadas a cabo con la colaboración de amigos contagiados de su pasión, las más conocidas son: la restauración del busto de Agustín Pío Barrios ubicado en el Parque Caballero; la emisión de una estampilla rememorando un aniversario muy importante del fallecimiento del guitarrista y compositor, que el Correo Paraguayo accedió a emitir. Salcedo consiguió que se devolviera una de las guitarras de Barrios, que un folklorista había llevado a su casa “para que no se robe” y que se encuentra actualmente el Museo de la Música, en el Centro Cultural “El Cabildo”. Carlos Salcedo fue caminando hasta San Juan Bautista, Misiones llevando un cuaderno similar al que acostumbraba a llevar Barrios en sus giras, recorriendo el camino inverso que siguió Mangoré en Paraguay, antes de salir al extranjero. En ese cuaderno o álbum, la gente que hablaba con él dejaba una impresión escrita sobre la iniciativa del investigador. Así, demorando varios días, este perseguidor de la historia de Barrios fue conociendo un Paraguay diferente, hablando con personas humildes y sinceras, que muy poco sabían de Mangoré.
Además, este “yanquiguayo” halló pruebas del paso de Barrios por Cuba, rescató programas de los conciertos del Maestro y los trajo para enriquecer el acervo paraguayo sobre el músico. También viajó a Salerno, Italia, tierra donde murió la esposa brasileña de Mangoré, Gloria Silva, allí se entrevistó con descendientes del segundo marido de Silva. Siguiendo la ruta mangoreana, los viajes más importantes que Salcedo hizo son a El Salvador, a Venezuela, al Brasil, a Cuba y en todos ellos encontró huellas dejadas por Barrios que fueron integradas a su investigación.
El aporte de Richard “Rico” Stover, concertista de guitarra y autor del libro “Seis Rayos de Plata”, biografía de Mangoré, es también importantísimo. Stover cayó hace años bajo el hechizo de Barrios, desde entonces se dedicó a difundir su música y a escribir su biografía. Hace muy poco tiempo, en abril de este año, luego de 20 años volvió a editar ese libro, ésta vez en Paraguay, con el mismo título y en una edición muy enriquecida por el aporte del Centro de Proyectos Barrios Mangoré, dirigido por Carlos Salcedo Centurión.
Con el resultado de su “persecución” Salcedo publica en 2007, un libro “Agustín Barrios MANGORE “EL INALCANZABLE”, en una edición de lujo, bilingüe e ilustrada con fotos inéditas hasta entonces y una historia completa de la vida del músico. Proyecto que le fue posible realizar gracias al apoyo decidido de Margarita Morselli, directora del Centro Cultural El Cabildo, quien obtuvo los fondos del Congreso Nacional, necesarios para la publicación del volumen.
El jueves 29 se estrenó en el Salón de Conferencias del Banco Central del Paraguay la película “Santo de la guitarra – la historia fantástica de Agustín Pío Barrios”, corolario –por ahora- de la titánica tarea emprendida por Carlos Salcedo Centurión. Él es el realizador, guionista, director y factotum para la concreción del filme, pero siempre destacó la colaboración valiosísima de cineastas locales como Agu Netto y otros que, sin dudar, lo acompañaron desde el inicio y se brindaron generosamente al proyecto. El Estado paraguayo no ayudó con un céntimo para la concreción de este filme que competirá desde ahora –durante dos años- en el circuito de grandes premios internacionales de cine documental. Carlos Salcedo golpeó todas las puertas de los organismos culturales que hubiesen podido ayudarlo, pero nadie respondió.
El Dr. Carlos Bracamonte, Víctor Urrutia, los hermanos Endrino, todos alumnos de Mangoré son protagonistas del filme, así como un gran amigo de Mangoré: Otto Schleusz –organizador de conciertos de Barrios en Alemania –.
Ellos son ilustres Mangoreanos salvadoreños, ya todos muertos. El último en fallecer fue Urrutia, a los 97 años, el 1º de agsoto de 2010. Salcedo fue avisado del fallecimiento por el Dr. Carlos Payés, mangoreano de ley, que es devoto admirador de Barrios. Payés tiene mucha participación en el documental, allí cuenta que fue él quien hizo conocer a John Williams las composiciones de Mangoré, en sus partituras originales.
SANTO DE LA GUITARRA, LA PELICULA
La película toca la sensibilidad de quien la mira, por su intensa y profunda belleza. Salcedo advirtió que la obra es un homenaje a los músicos y que las escenas de los ángeles – de antología - son un tributo a Tomás Alea, director de cine, cubano.
El último tramo de la vida de Agustín Pío Barrios es el núcleo del filme y es relatado por quienes fueron sus discípulos, ya muy ancianos cuando Salcedo los entrevistó. De allí proviene la riqueza formal y de fondo de esa película. También contiene valiosos testimonios de dos grandes músicos paraguayos, Sila Godoy y Felipe Sosa. El fondo musical es música de Mangoré y solo hay una creación del Maestro Felipe Sosa.
La película es más bien un docudrama, como lo denomina Salcedo, con mucho acierto porque no es un documental frío y técnico, hay en él un hilo narrativo, un eje central, y se puede escuchar la música interna, la de los sentimientos y la emoción.
Los alumnos que conocieron al Maestro, lo recuerdan, dan detalles de lo que fueron sus últimos años y siguen venerándolo. Creo que ningún actor profesional hubiese podido imprimir tanta vibración como la que estos hombres le dan a sus parlamentos.
Los que fueron discípulos de Barrios impresionan por la soledad en que viven, son hombres solos, enfermos, pobres y muy dignos, que lamentaban, aún en el momento de las entrevistas, que su Maestro no haya tenido más fortuna en el mundo artístico. La mayoría de las veces los obstáculos se debían a la envidia de sus colegas, como en el caso de Andrés Segovia, que prohibía a sus alumnos interpretar obras de Agustín Pío Barrios.
Para mi hay, dos escenas, en blanco y negro, dignas del mejor cine. Una de ellas es la de los ángeles, incluyendo el ángel arrodillado que, sencillamente podrían calificarse como inigualables. La otra es la del cementerio de los Ilustres, donde se ve a Bracamonte y a su amigo Otto, caminando lentamente, así como caminan los viejitos, muy despacio, porque no quieren irse todavía.
Lita Pérez Cáceres
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