La calle con nombre de prócer despierta lentamente, de acuerdo a la actividad de los comerciantes que la habitan. Los primeros en llegar son los cuidacoches, vienen animosos, comentando algún partido de fútbol que vieron la noche anterior, en el comedor de Olguita. Siempre hay alguna jugada dudosa, un réferi maldito y hasta una pedrada que deja una víctima inerte en el campo de juego.
Luego abre la Librería
y su contiguo negocio de papel, los empleados acuden con cara de haber dormido poco y de haber recorrido kilómetros de suburbio para estar en Caballero casi Mariscal Estigarribia a las 8 en punto, como los ingleses de América del Sur.
La morocha vendedora de frutas y de yuyos, Lili la exuberante, vende sus productos y cuenta historias. Sus clientes escuchan con atención mientras eligen las manzanas, los duraznos y algunos choclos.
El espeluznante caso del alemán que degolló a su pareja y la descuartizó, es el relato preferido de los cuidacoches, porque Lili la sabia, le agrega detalles escabrosos todos los días “La encontró leyendo un mensaje de amor en su celu…” dice el lunes. El martes cuenta “El ya sospechaba algo, porque ella se bañaba todos los días – a don Otto eso no le gustaba, la prefería sin bañarse- después se perfumaba y salía, le decía que iba a la farmacia”.
Para el viernes la imaginación de Lili le dictaba “El muchacho de la farmacia le había dado a ella un veneno que no deja huellas y dice que la chica se lo ponía en un te que don Otto tomaba después de cenar. Pero era muy lento porque él la mató primero…”
- Llevá patronita este ajenjo, especial es para la desintoxicación, eso tomaba mucho don Otto y yo digo que eso lo que le salvó.
Nadie critica a Lili, cada uno hace el marketing que puede o que sabe.
La quinielera llega pasadas las 9, retira su mesita, su silla, el libro de los sueños y va hasta la esquina de Mariscal Estigarribia, allí atiende a sus clientes. Una de sus preferidas es Gisela, la brasileña que vende artesanía a los turistas, cada vez que sueña con un animal juega mucha plata al número de esa bestia.
Los coches de turismo, llenos de hombres y mujeres de vacaciones, hacen su aparición cerca del mediodía. El vendedor de lentes ahumados y películas porno, les vende todo con sonrisas melifluas. Los hombres maduros, en bermudas con cinturones para atajar la panza, ojotas y sombreros, alzan los bolsones. Sus mujeres quieren salir de compras ¡ya!
Ninguno de ellos conoce las historias de la calle Caballero.
viernes, 4 de febrero de 2011
jueves, 27 de enero de 2011
ADIOS PEDRO
23 de Mayo, mes de las primeras nevadas, 1933, año de liberación.
Pedro, no te enojes tanto. No pude hacer la cena porque si me entretenía él se iba a ir y yo me iba a morir. Tenés que entenderme y perdonarme. Nunca me pasó algo igual.
Él llegó ayer, bien tempranito a la mañana, yo todavía no me había peinado y escuché que ladraban los perros, abrí la puerta de la casa y allí estaba, lleno de polvo blanco, como la ceniza que el volcán desparrama cuando se pone malo. Tenía el sombrero en la mano y me dijo.
- Buen día señora ¿Me permite descansar un momento en su galería?
No le respondí, me dijiste muchas veces que no hablara con desconocidos y ahora que tu madre murió y quedo yo sola por estas soledades tuve miedo. Pero también le tuve lástima.
- Estuve cabalgando toda la noche, señora y mi caballo está
reventado. Le suplico que me permita sentarme allí, en uno de esos sillones y dormitar aunque sea una hora. Por favor.
En ese momento se le acercó el Capitán y comenzó a olfatearlo, le
movió la cola y entonces supe que era una buena persona. Mi tata siempre me dijo que los perros saben quien es bueno quien es malo. El viento casi le arrancó el sombrero de las manos.
- Deje el caballo en el establo y puede sentarse aquí si quiere – le dije, estaba muy curiosa, había visto que tenía un maletín grande y negro y pensé que traía algo para vender.
Entré para peinarme y porque me daba vergüenza que me viera así, tan desarreglada. Puse agua para el café, cambié de mantel, saqué aquellas tazas que tu madre no me dejaba tocar y hasta el azucarero de porcelana que le dejó en herencia a tu hermana y que nunca vino a buscar. Cuando todo estuvo listo salí a buscarlo, le dije que podía lavarse la cara y las manos con agua del pozo y entré a esperarlo. Ahora que no me podés alcanzar puedo decirte la verdad ¡estaba tan contenta! Iba desayunar con compañía, eso me daba una cosquillita en el estómago.
El entró un poco sacudido pero todavía gris. El viento es tan celoso como vos y no lo dejó en paz. Me tendió la mano y me dijo - Miguel Ángel Peña, fotógrafo ambulante pa servirla.
- ¿Usté saca fotos?
- Si, las coloreo también.
Ahí me vino la idea Pedro, ese retrato de tu madre, el que está sobre el mueble
grande de la sala, es tan triste, no tiene ni un color, solo el blanco, el negro, el gris de siempre. Le hacía falta algo de vida aunque ella ya está muerta ¡Dios la tenga en la gloria! … y que no la suelte. ¡Qué cosa la valentía que me ataca cuando estoy lejos de tus puños!
Desayunamos juntos, charlando como si fuéramos amigos de toda la vida, me contó muchas historias del camino. Me parece que es un ángel caído del cielo, tan bueno. Hasta ahora no recuerdo cuanto tiempo hacía que no hablaba con otra persona, si hasta tu mama, con todo el veneno que tenía dentro, solía hablarme. No eran cosas buenas las que decía pero su voz me salvaba de volverme loca. Acá, en esta casa no hay música, no hay río cerca, no hay gente que pasa por la calle, no hay calle. Últimamente me estaba acostumbrando a hablar con el viento, no es gran compañía pero cambia de sonido según venga del sur o del norte. Todo sirve si una no quiere convertirse en piedra, muda y dura. Una vez, hasta me pareció escuchar que me hablaba, que me contaba que vos estabas en esa casa, ya sabés cual. No voy a nombrarla para salvarme de un cachetazo como el que me diste la otra noche, que me tiró de la silla. No pienso volver a verte Pedro, pero por las dudas. Hay que ser prevenida me dijiste. Ay, Pedro, antes me decías muchas cosas.
No se cuanto tiempo habremos pasado con el Miguel Ángel charlando hasta que me di cuenta de que afuera todos protestaban. Las gallinas cacareaban y las ovejas balaban que ni te cuento. Me había olvidado de ellas. Me levanté para darles de comer y él me atajó la mano - Quédese un rato más, es bueno mirarla, tiene luz en la piel y una mirada de niña buena.
De niña me trató ¿te das cuenta? No adivinó que ya tengo 19 y desde los 14 estoy contigo aquí, pa servirte.
Quise zafarme y se me resbaló el chal, entonces vio los moretones de la última paliza. No me preguntó nada pero me los acarició como si hubiera sido mi mama diciéndome sana, sana, colita de rana…
Estuvimos así largo rato y yo, para no caer en la tentación de devolverle las caricias le dije que tenía un encargo que hacerle, le hablé de la foto de tu madre y aceptó el trabajo, salió a trabajar en la galería. Puso sus cositos en una mesa, pinceles y martillitos, desarmó el marco y miró con mucha atención esa cara de amargada de tu mama.
Yo trabajé muy liviana, creo que hasta canté. Hice la comida con mucho cilantro que arranqué de la huerta, el estofado de cordero estuvo riquísimo. Después del almorzar nos acostamos, en la cama de tu mama, por supuesto.
Ahora nos vamos juntos, no me busques porque prefiero la muerte antes que volver contigo. No me llevo nada más que las pilchitas que traje cuando mi tata me vendió creyendo que sería feliz.
Adiós para siempre Pedro.
Rosita.
Casi me olvidó, te dejamos de regalo la foto de tu mama, retocada. Fijate que hasta parece contenta.
Pedro, no te enojes tanto. No pude hacer la cena porque si me entretenía él se iba a ir y yo me iba a morir. Tenés que entenderme y perdonarme. Nunca me pasó algo igual.
Él llegó ayer, bien tempranito a la mañana, yo todavía no me había peinado y escuché que ladraban los perros, abrí la puerta de la casa y allí estaba, lleno de polvo blanco, como la ceniza que el volcán desparrama cuando se pone malo. Tenía el sombrero en la mano y me dijo.
- Buen día señora ¿Me permite descansar un momento en su galería?
No le respondí, me dijiste muchas veces que no hablara con desconocidos y ahora que tu madre murió y quedo yo sola por estas soledades tuve miedo. Pero también le tuve lástima.
- Estuve cabalgando toda la noche, señora y mi caballo está
reventado. Le suplico que me permita sentarme allí, en uno de esos sillones y dormitar aunque sea una hora. Por favor.
En ese momento se le acercó el Capitán y comenzó a olfatearlo, le
movió la cola y entonces supe que era una buena persona. Mi tata siempre me dijo que los perros saben quien es bueno quien es malo. El viento casi le arrancó el sombrero de las manos.
- Deje el caballo en el establo y puede sentarse aquí si quiere – le dije, estaba muy curiosa, había visto que tenía un maletín grande y negro y pensé que traía algo para vender.
Entré para peinarme y porque me daba vergüenza que me viera así, tan desarreglada. Puse agua para el café, cambié de mantel, saqué aquellas tazas que tu madre no me dejaba tocar y hasta el azucarero de porcelana que le dejó en herencia a tu hermana y que nunca vino a buscar. Cuando todo estuvo listo salí a buscarlo, le dije que podía lavarse la cara y las manos con agua del pozo y entré a esperarlo. Ahora que no me podés alcanzar puedo decirte la verdad ¡estaba tan contenta! Iba desayunar con compañía, eso me daba una cosquillita en el estómago.
El entró un poco sacudido pero todavía gris. El viento es tan celoso como vos y no lo dejó en paz. Me tendió la mano y me dijo - Miguel Ángel Peña, fotógrafo ambulante pa servirla.
- ¿Usté saca fotos?
- Si, las coloreo también.
Ahí me vino la idea Pedro, ese retrato de tu madre, el que está sobre el mueble
grande de la sala, es tan triste, no tiene ni un color, solo el blanco, el negro, el gris de siempre. Le hacía falta algo de vida aunque ella ya está muerta ¡Dios la tenga en la gloria! … y que no la suelte. ¡Qué cosa la valentía que me ataca cuando estoy lejos de tus puños!
Desayunamos juntos, charlando como si fuéramos amigos de toda la vida, me contó muchas historias del camino. Me parece que es un ángel caído del cielo, tan bueno. Hasta ahora no recuerdo cuanto tiempo hacía que no hablaba con otra persona, si hasta tu mama, con todo el veneno que tenía dentro, solía hablarme. No eran cosas buenas las que decía pero su voz me salvaba de volverme loca. Acá, en esta casa no hay música, no hay río cerca, no hay gente que pasa por la calle, no hay calle. Últimamente me estaba acostumbrando a hablar con el viento, no es gran compañía pero cambia de sonido según venga del sur o del norte. Todo sirve si una no quiere convertirse en piedra, muda y dura. Una vez, hasta me pareció escuchar que me hablaba, que me contaba que vos estabas en esa casa, ya sabés cual. No voy a nombrarla para salvarme de un cachetazo como el que me diste la otra noche, que me tiró de la silla. No pienso volver a verte Pedro, pero por las dudas. Hay que ser prevenida me dijiste. Ay, Pedro, antes me decías muchas cosas.
No se cuanto tiempo habremos pasado con el Miguel Ángel charlando hasta que me di cuenta de que afuera todos protestaban. Las gallinas cacareaban y las ovejas balaban que ni te cuento. Me había olvidado de ellas. Me levanté para darles de comer y él me atajó la mano - Quédese un rato más, es bueno mirarla, tiene luz en la piel y una mirada de niña buena.
De niña me trató ¿te das cuenta? No adivinó que ya tengo 19 y desde los 14 estoy contigo aquí, pa servirte.
Quise zafarme y se me resbaló el chal, entonces vio los moretones de la última paliza. No me preguntó nada pero me los acarició como si hubiera sido mi mama diciéndome sana, sana, colita de rana…
Estuvimos así largo rato y yo, para no caer en la tentación de devolverle las caricias le dije que tenía un encargo que hacerle, le hablé de la foto de tu madre y aceptó el trabajo, salió a trabajar en la galería. Puso sus cositos en una mesa, pinceles y martillitos, desarmó el marco y miró con mucha atención esa cara de amargada de tu mama.
Yo trabajé muy liviana, creo que hasta canté. Hice la comida con mucho cilantro que arranqué de la huerta, el estofado de cordero estuvo riquísimo. Después del almorzar nos acostamos, en la cama de tu mama, por supuesto.
Ahora nos vamos juntos, no me busques porque prefiero la muerte antes que volver contigo. No me llevo nada más que las pilchitas que traje cuando mi tata me vendió creyendo que sería feliz.
Adiós para siempre Pedro.
Rosita.
Casi me olvidó, te dejamos de regalo la foto de tu mama, retocada. Fijate que hasta parece contenta.
ENTREVISTA EN LA NACION

Lita Pèrez Càceres en compañìa del editor Alejandro Gatti y el escritor Victorio Suàrez.
(Entrevista publicada en La Nación, el 5.12.2010)
LITA PEREZ CACERES
“Soy romántica en el sentido de que me juego por lo que quiero”
La escritora ganó el premio Roque Gaona con su libro “Cartas de amor y otros cuentos”.
Por Milia Gayoso Manzur
Con el humor a flor de piel, la escritora Lita Pérez Cáceres “saborea” el Premio “Roque Gaona” que acaba de ganar por su libro “Cartas de amor y otros cuentos”. El certamen fue organizado por la Sociedad de Escritores del Paraguay y la familia Gaona Giardino. El galardón, dotado de 6.000.000 de Guaraníes, le será entregado mañana.
–¿Acabas de celebrar 70 años, y ahora recibís este premio? ¿No es mucha emoción en poco tiempo?
–Realmente no los celebré, porque en este país de gente joven tener 70 es ser un fósil en vías de extinción, no obstante, me alegra mucho seguir viva y productiva, con muchas ganas de seguir adelante. No es mucha emoción porque separo el tema de la edad del tema del premio y esa sí que fue una enorme alegría, un reconocimiento muy esperado. Siempre digo que todos los escritores nos sentimos como genios al comprobar que podemos crear vidas, historias, tramas y es difícil juzgar la obra de uno mismo. Por eso los premios son importantes. Para una persona bastante insegura, como yo, es una corroboración de que estoy en el buen camino.
–¿A lo largo de estos años, fuiste una buscadora de galardones?
–La verdad es que no vienen solos, uno participa porque busca un premio. La vanidad es un elemento infaltable en la personalidad de los autores.
–¿Cómo nacieron estas cartas? ¿Cuánto de realidad y cuánto de fantasía hay en ellas?
–Nacieron porque había fallecido un cuñado mío y yo quise contar su historia, bastante peculiar. Esa fue una orden para mi subconsciente y al cabo de un tiempo tuve, completa, la primera carta: “Querido Miguel”. Se las leí a mis cuñadas y a mis nueras y como ellas se emocionaron decidí seguir con el tema. Los otros cuentos fueron surgiendo a medida que hacía mi trabajo de rutina -ellos siempre interrumpen el trabajo que considero aburrido y es como un recreo para mí comenzar a escribirlos-, los cuatro últimos los tenía ya publicados en un libro que no tuvo mucha difusión, “La Pasión”. No puedo medir la cantidad de fantasía, creo que todos partimos de la realidad, de alguna historia escuchada por ahí, o de esa voz que nos dicta lo que está dentro de nuestra mente, muy escondido y que decide salir a la luz.
AÑO POSITIVO
–¿Reivindicás las cartas, el romanticismo, Lita?
–Por supuesto que reivindico el romanticismo, como modo de amar y como movimiento literario. Soy romántica en el sentido de que me juego por lo que quiero, no procedo con medias tintas, nunca. No soy tibia. Y si, le voy a dar un uso romántico al dinero del premio porque pienso viajar con mi marido por ahí, pasear a la luz de la luna y bajo las estrellas.
–¿Qué te parece que le sedujo al jurado de tu obra?
–Aún no pude tener acceso a las consideraciones del jurado, pero algunas informaciones me aseguraron que fue el manejo del idioma y que les fue difícil elegir porque las otras obras, que obtuvieron menciones, eran también excelentes.
–¿Cuáles son tus proyectos?
–Publicar una novela que está terminada y debo editarla -sacarle los yuyos y hacerla más entretenida. Mi otro proyecto es terminar otra novela que hace años interrumpí, es la historia de una periodista sin trabajo, joven y en la miseria. Y si aparecen por ahí algunos cuentos, los escribiré, por supuesto.
–¿Cuál es tu balance del 2010?
–Quiero decir que este 2010 ha sido un año muy positivo para mí. En marzo, dos amigas mías Maricruz Méndez Vall y Alejandra Siquot me pidieron permiso para adaptar cinco cuentos míos del libro “Cuentos del 47 y de la dictadura”, para el teatro. Lo hicieron y publicaron un libro que se titula “Cuentos de desventura para escribirles otro final”. Por el momento, y con el apoyo del Fondec, la obra se ha representado en 10 colegios de la capital y del Área Metropolitana. Luego de la escenificación se hace un taller en el que participan los alumnos con preguntas, porque ellos no saben nada de la dictadura ni del 47. El año que viene, si Dios quiere y hay mucha “merde” irá a alguna sala comercial. Y como si todo esto fuera poco, otro cuento del mismo libro fue seleccionado para integrar una antología de autores paraguayos que se publicará en Cuba y será repartida de manera gratuita a los niños cubanos ¡Oye chica, seré famosa en Cuba! Qué chévere.
HOJA DE VIDA
Nombre: Lita.
Apellidos: Pérez Cáceres.
Fecha y lugar de nacimiento: 27 de octubre de 1940, en Asunción, Paraguay.
Profesión: periodista y escritora.
Obras publicadas: “María-Magdalena-María”, “Encaje secreto”, “Amalia al amanecer” en coautoría con Mario Halley Mora, “La pasión” y “Cuentos del 47 y de la dictadura”, entre otros.
Otras publicaciones: Sus cuentos y fragmentos de novelas aparecen en antologías nacionales e internacionales.
domingo, 7 de noviembre de 2010
La tenacidad de la paloma

El 27 de octubre descubrimos un nido en la parralera, semioculto entre las hojas. sentada sobre él había una yerutí - es una palomita más chica- blanca, estaba empollando. Mi esposo quiso echarla pero a mi me conmovió y le pedí que la dejáramos, que ya habría tiempo para que se fuera. Las palomas tiene mala fama y algunos aseguran que son portadoras de varias plagas, pero estaba tan hermosa la palomita en su nido, toda buchona ella, que la dejamos vivir.
El 30 de octubre vino la gran tormenta con granizo y lluvia torrencial e inundaciones del patio. Cuando el viento y la lluvia amainó salimos a mirar y vimos a la paloma sentada como si nada hubiera ocurrido, sus huevitos no podían ser abandonados y ella cumplió con su misión. Hizo bien, hoy sus pichoncitos apenas asoman la cabecita por encima del nido y la imagino afanosa buscando algo para darle de comer. Mi marido, que es un hombre muy bueno, quiso ponerle cereales en el suelo, debajo del nido, pero yo le dije que no, que nos llenaríamos de ratones. Ella es una madraza, ya encontrará en el jardín alguna hojita o unas frutas, se las va a campanear muy bien. Así como los sayjoguy que comen los mamones, las guayabas, los ñangapiry y hasta el alpiste de la jaula de los loros. Ellos no se privan de nada y me pagan con el vuelo azul de sus alas travesando el espacio entre las santarritas y las mandarinas.
Presiento que las palomas volverán a sus buenas costumbres -vivir en las ramas de los mangos- porque tenemos un gatito nuevo, el Cervantes - tiene la patita izquierda rota- para que caze a la laucha que se pasea por la casa como si fuera de ella. No hay trampa que funcione y hemos tenido que adoptar estretegias para esconder el pan, para que no lo alcance.
Mucha gente me pregunta porque tengo gatos, siempre los tuve, y yo les respondo -Me gustan más los gatos que las ratas. Es la pura verdad.
Además, nunca he visto que una escritora se rodee de ratas, piensen en Josefina Pla.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Ser miembro del Club de los melancólicos
Estuve leyendo el último libro de cuentos de Delfina Acosta El club de los melancólicos y la primera reflexión que me vino en mente fue una pregunta ¿Que tienen los poetas cuando escriben cuentos? Aventuro una respuesta: tienen música, un ritmo interior que hace bailar las ideas y que nos embriaguen esas escenas que el poeta describe.
Cuando un prosaico prosista narra un cuento busca la exactitud, la coherencia, lo pedestre, las explicaciones lógicas, un final decente. En general los narradores queremos sentirnos parte del stablishment - de lo políticamente correcto- y que nadie diga de nosotros que nos hemos entregado a la droga de la poesía, de la irrealidad. Pero, los cuentos de los poetas, ah... los cuentos de los poetas son infinitamente más bellos y, en estos de Delfi, hay magia y atmósfera. Algo difícil de conseguir, lo de la atmósfera, digo.
Sus mujeres siempre están solitarias como Penélope en la estación de tren esperando su primer amor. Son mujeres buenas, calmas, con la belleza de la madurez y la serenidad de quienes saben que los sueños se cumplen, a veces, demasiado tarde. Los hombres de los cuentos de Delfina navegan por las páginas temerosos de intimar con esas féminas raras, que aman el arte y hacen un culto de la nostalgia.
Y, como todo escritor que se precie, la Delfi también aparece, me parece escuchar su voz de niña buena, cuando habla de la vecina asmática o de la que cuida el jardín. Es ella, es Delfina con su capacidad para describir los seres humanos simples y tiernos.
En los cuentos de Delfina siempre hay flores de nombres raros y perros, pajaros y gatos. Hay farmacias donde compra violeta de genciana, elmento tan antiguo como el azul de metileno, que los poetas usan para teñir de azul sus versos y para desinfectarlos y evitar así cualquier contagio de realidad común y silvestre. Ella se rodea de vida, vida palpitante, riente o sufriente y uno se sienta en el sofá con tapizado de seda para charlar con Sara Arzamendia y para darle algún consejo literario.
En El gallo, hay un pueblo como cualquiera, poblado por recuerdos y viejos, viejos, ancianos que se aferraban a la rutina como una soga salvadora. El cuento es sencillamente hermoso. Hay otros cuentos que hablan de las angustias de los escritores y de los poetas, todos meláncolicos e inseguros.
En este libro Delfina es una guía, pero no del Ejército de Salvación, ella es la que arroja luz sobre las angustias de esos seres tan desvalidos como son los creadores.
Si usted desa hacer un recorrido por el interior de un humano que puede parecer normal por fuera, lea a Delfina, ella le mostrará la verdad que alienta en cada suspiro.
martes, 19 de octubre de 2010
Seré modelo alguna vez?
Queridos seguidores, les cuento que en Paraguay (por si alguno vive en otro país) las modelos y las aspirantes a reinas de belleza, todas, pero todas, han leído Yo El Supremo y lo mantienen como libro de cabecera.
Siempre me sentí disminuída por ello, ya que las primeras lecturas de ese clásico que trajo el Cervantes al Paraguay me pareció aburrido e insulso. Estaba equivocada, no había perseverado lo suficiente. Ahora lo tuve que leer por obligación y ¿están sentados? ¡Ya llegué a la página 50 sin desmayar en el intento!
A medida que voy avanzando le encuentro tanto sentido del humor, tanta ironía y tanta sabiduría del autor que me asombra no haberlo leído antes. Es realmente un supremo de nuestra literatura. Además, están tan bien delineados los dos persoanjes, El Supremo y Nicanor Patiño, en páginas ausentes de descripciones fatigosas, yendo ambos al meollo de la cuestión en una dialéctica viva,ágil, profunda y graciosa, que me parece verlos en una habitación en penumbras, iluminada por pocas velas - por la austeridad del amo y señor. Los dos hablando, pintando escenas pasadas y futuras con palabras, con la magia de las palabras, supremas expresiones de las ideas.
Cuando termine la lectura haré un comentario en serio, pero tengo que contarles que con el paso del tiempo me siento más linda, más joven, más alta, más delgada y más rubia. ¡Con razón lo leen las modelos. Seguro que Egny Eckert ha descubierto esos beneficios hace tiempo y ahora es una de las más votadas en el concurso de belleza donde participa.
Lean a Roa chias, es mejor que una lipo.
Siempre me sentí disminuída por ello, ya que las primeras lecturas de ese clásico que trajo el Cervantes al Paraguay me pareció aburrido e insulso. Estaba equivocada, no había perseverado lo suficiente. Ahora lo tuve que leer por obligación y ¿están sentados? ¡Ya llegué a la página 50 sin desmayar en el intento!
A medida que voy avanzando le encuentro tanto sentido del humor, tanta ironía y tanta sabiduría del autor que me asombra no haberlo leído antes. Es realmente un supremo de nuestra literatura. Además, están tan bien delineados los dos persoanjes, El Supremo y Nicanor Patiño, en páginas ausentes de descripciones fatigosas, yendo ambos al meollo de la cuestión en una dialéctica viva,ágil, profunda y graciosa, que me parece verlos en una habitación en penumbras, iluminada por pocas velas - por la austeridad del amo y señor. Los dos hablando, pintando escenas pasadas y futuras con palabras, con la magia de las palabras, supremas expresiones de las ideas.
Cuando termine la lectura haré un comentario en serio, pero tengo que contarles que con el paso del tiempo me siento más linda, más joven, más alta, más delgada y más rubia. ¡Con razón lo leen las modelos. Seguro que Egny Eckert ha descubierto esos beneficios hace tiempo y ahora es una de las más votadas en el concurso de belleza donde participa.
Lean a Roa chias, es mejor que una lipo.
jueves, 14 de octubre de 2010
Mi cumpleaños
En los blogs que frecuento los autores suelen poner todo su perfil, qué les gusta, sus hobbies y otras minucias que los acercan más a lectores desconocidos. Bueno, yo no tengo ganas de publicar todo mi perfil - de escritora ñata- pero voy a confesar que me desvela el tema de mi cumpleaños.
Cuando comienzo a meditar sobre ese fausto día, que rememora mi aparición en el mundo, escucho dos voces: una me dice que no festeje, que me canso mucho, que la casa nunca está impecable, que no tengo tantas comodidades y que es preferible salir a comer afuera. La otra voz, en cambio, susurra: vas a dejar a tus amigas y a tus seres queridos con ganas de reunirse, sos muy egoísta, qué te cuesta hacer algo sencillo, algo frio para que la gente pueda venir a comer comodamente, sentarse donde pueda para charlar y ponerse al día con las novedades.
Entre esas dos voces, mi verdadero sueño es tener un cumple inolvidable, con mis amigas de todos los ámbitos, las escritoras, las periodistas, mis hermanas, mis hermanos, mis hermanos putativos "los Saldivar", mi prima Marilén y mis hermanas y primas políticas que todos los años me aqcompañan. Me gustaría que haya música, que ls "putisas" bailen vestidas solo con peplos transparentes, que los hombres fumen y discurran sobre filosofía, futbol y el tema obligado:Larisa Riquelme. Que los niños, si vienen, estén quietos y no hagan muchos desastres.
Aún no decido que haré, por el momento sueño.
Cuando comienzo a meditar sobre ese fausto día, que rememora mi aparición en el mundo, escucho dos voces: una me dice que no festeje, que me canso mucho, que la casa nunca está impecable, que no tengo tantas comodidades y que es preferible salir a comer afuera. La otra voz, en cambio, susurra: vas a dejar a tus amigas y a tus seres queridos con ganas de reunirse, sos muy egoísta, qué te cuesta hacer algo sencillo, algo frio para que la gente pueda venir a comer comodamente, sentarse donde pueda para charlar y ponerse al día con las novedades.
Entre esas dos voces, mi verdadero sueño es tener un cumple inolvidable, con mis amigas de todos los ámbitos, las escritoras, las periodistas, mis hermanas, mis hermanos, mis hermanos putativos "los Saldivar", mi prima Marilén y mis hermanas y primas políticas que todos los años me aqcompañan. Me gustaría que haya música, que ls "putisas" bailen vestidas solo con peplos transparentes, que los hombres fumen y discurran sobre filosofía, futbol y el tema obligado:Larisa Riquelme. Que los niños, si vienen, estén quietos y no hagan muchos desastres.
Aún no decido que haré, por el momento sueño.
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