miércoles, 2 de mayo de 2012
Mucho para contar
Los ancianos o personas de la tercera edad , tenemos mucho para contar. Pero no nos tienen paciencia y si repetimos el mismo cuento los jóvenes se impacientan y se van. Por eso es mejor escribirlos,a si podemos ver si ya lo habíamos recordado o no, al suceso, digo, porque recordar se ha vuelto un poco difícil. Creo que es un fenómeno paranormal esto de los recuerdos, ellos se van con otra persona, se pierden como las medias que abandonan a sus pares y como las cucharitas de café que escapan del cajón donde las guardamos ¡Son ingratos los recuerdos! Vivieron con nosotros tantos años y de pronto, cuando en una conversación necesitamos un nombre o una dirección ¡zas! ellos están ausentes.
Hace años, una gran amiga que dirigía un entidad renombrada resolvió el problema con una secretaria. Entonces, en una entrevista, si se le preguntaba, por ejemplo, cuándo se fundó ..(la institución) ella respondía muy segura, se fundó el...y miraba fijo a su secretaria que daba la fecha exacta. Pero no todas podemos tener una secretaria de esa categoría. Es tan acuciante el problema de los recuerdos que hasta el mismísimo García Márquez temía que llegara el día en que la conduerma de la memoria le borrase los suyos.
No voy al médico porque tengo miedo de escuchar su diagnóstico y me consuelo pensando qeu fui así desde mi más tierna edad. Era una niña y cuando sacudía el mantel tiraba las cucharitas a la basura sin pensar, estaba en otro planeta. Siempre fui así. Una vez, en Buenos Aires, íbamos con una amiga y cuando el guarda nos vendió los boletos, le pagamos. Luego de un rato comprobé que un papelito donde había anotado una dirección me había desaparecido y la plata del boleto todavía la tenía. Fue un alivio ver que el guarda era más distraído que yo, él tomó el papelito como si fuera dinero.
Por el momento es lo único que tengo para compartir, debo ir a mi templo privado: a sentarme en mi sillón preferido a ver mi serie favorita Mad men. Hasta pronto...creo.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Navidades de mi infancia
¡Parecen tan lejanas esas navidades de mi infancia! Ahora, es en mi casa que se festeja la Navidad y el año Nuevo. Me he convertido en madre y abuela y aunque preparo el pesebre -tradicional en Paraguay- siento que no he logrado transmitir a mis hijos ese fervor, esa fe de los hogares realmente cristianos. Debe ser la influencia de mi padre, que sigue firme. Él era ateo y casi siempre estaba ausente en Nochebuena, solía explicarnos que los periodistas no tenían los feriados de los que gozaban los otros trabajadores, pero a nosotros no nos importaba mucho. En aquellos tiempos de machismo rampante las mujeres eran las únicas responsables de acompañar a los hijos y de transmitirles las tradiciones. Mi madre cumplía con ese rol y su esfuerzo máximo consistía en preparar un sabroso pollo al horno acompañado con papas y cebollas que nosotros -los hijos mayores- nos encargábamos de llevar en una gran fuente, al horno de la panadería Atlántico, la más chic del barrio.
En nuestra casa no se preparaba arbolito de Navidad, tampoco el pesebre, creo que eso explica por que los belenes míos lleven una impronta tan bohemia y haya mamuchkas rusas al lado de tortugas de barro y otros adornos que no tienen nada que ver con ese nacimiento.
Nunca nos sentimos tristes por no cenar con nuestro padre, solo esperábamos el momento en que estaríamos libres para ir a la casa nuestros amigos donde había decenas de parientes muy alegres y un pino artificial iluminado, con regalos al pie. Analizando esos momentos con la madurez de ahora compruebo que nunca estuvimos en un lugar nuestro, que no pertenecíamos a ningún lugar. Eramos exiliados, de un país, de lazos familiares, exiliados de la fe.
En nuestra casa no se preparaba arbolito de Navidad, tampoco el pesebre, creo que eso explica por que los belenes míos lleven una impronta tan bohemia y haya mamuchkas rusas al lado de tortugas de barro y otros adornos que no tienen nada que ver con ese nacimiento.
Nunca nos sentimos tristes por no cenar con nuestro padre, solo esperábamos el momento en que estaríamos libres para ir a la casa nuestros amigos donde había decenas de parientes muy alegres y un pino artificial iluminado, con regalos al pie. Analizando esos momentos con la madurez de ahora compruebo que nunca estuvimos en un lugar nuestro, que no pertenecíamos a ningún lugar. Eramos exiliados, de un país, de lazos familiares, exiliados de la fe.
domingo, 9 de octubre de 2011
viernes, 19 de agosto de 2011
Semana movida
La semana del 8 al 12 de agosto y la siguiente, que está terminando fueron muy generosas y gratas para los escritores. En la primera se realizó un congreso de Literatura en el Gran Hotel del Paraguay, organizado por la Universidad del Norte y el Instituto Literario Cultural Hispano, dirigido por Juanita Arancibia, que lleva ya organizando 36 congresos de este tipo, cada año en un país diferente. Vinieron escritores de todo el continente americano desde Canadá hasta Argentina y desde Veracruz a Montevideo, también desde Europa. Se presentaron ponencias muy interesantes, hubo presentaciones de libros, se entregaron distinciones y hasta estuvo presente el vicepresidente Federico Franco con una conferencia muy amena.
El martes 16 Teresa Méndez Faith presentó su antología: Literatura Infanto Juvenil de Ayer y de Hoy, donde dio cabida a 43 autors paraguayos y más de 250 obras. Fue una verdadera fiesta esa presentación donde no faltó la música de Epifanio Méndez Fleitas, su padre.
Y como colofón de estos días placenteros para los literatos, el jueves nos reunimos en el restaurante Munich para agasajar a Teresa que estuvo muy feliz. Se lo merece, ella da visibilidad a la obra de los autores paraguayos y los interesados que desconocen todo sobre este país oculto, tienen la oportunidad, leyendo sus libros, de saber que aquí también se hace literatura, y las buenas.
El martes 16 Teresa Méndez Faith presentó su antología: Literatura Infanto Juvenil de Ayer y de Hoy, donde dio cabida a 43 autors paraguayos y más de 250 obras. Fue una verdadera fiesta esa presentación donde no faltó la música de Epifanio Méndez Fleitas, su padre.
Y como colofón de estos días placenteros para los literatos, el jueves nos reunimos en el restaurante Munich para agasajar a Teresa que estuvo muy feliz. Se lo merece, ella da visibilidad a la obra de los autores paraguayos y los interesados que desconocen todo sobre este país oculto, tienen la oportunidad, leyendo sus libros, de saber que aquí también se hace literatura, y las buenas.
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