martes, 3 de agosto de 2010

EL SANTO DE LA GUITARRA Y EL PERSEGUIDOR

Desde el momento en que conocí a Carlos Salcedo Centurión me impresionó como un hombre poseído por una gran obsesión. Esa obsesión, esa fiebre, esa pasión es Agustín Pío Barrios. Antes de la aparición de Salcedo en el escenario cultural y musical de este país, muchos paraguayos sabían, vagamente, que Mangoré había sido un gran guitarrista y que había vivido en su infancia, en San Juan Bautista. Me atrevo a decir que aparte de los concertistas de guitarra clásica, que lo admiraban, Barrios o Nitzuga Mangoré, era poco conocido por el pueblo, más inclinado a admirar a los creadores en música popular. Carlos Salcedo vino a sacudir el árbol de la memoria para que Barrios sea ubicado en el sitial que merece, al lado de otros grandes genios de la música de Paraguay.

Desde el momento en que Salcedo Centurión llega a la patria de sus padres, él nació en los Estados Unidos, comienza a luchar para que renazca el recuerdo de Mangoré. Algunos quedaron tocados por el hechizo de Barrios y su vida aventurera y romántica, otros continuaron tan indiferente como antes.
En Paraguay había no había “Mangoreanos”, que viene a ser como una secta de adoradores de Mangoré, cuyos afanes son: ir descubriendo – para los que lo ignoran - el talento infinito de ese compositor y guitarrista muerto en El Salvador en 1944. Sí existían en ese país, donde vivían sus alumnos, los que compartieron con el Maestro sus últimos años de vida. El Salvador –haciendo honor a su nombre- le tendió la mano cuando él se encontraba enfermo y cansado, en esa tierra Barrios halló apoyo, cariño y ganó la adoración de los discípulos que fueron llegando hasta su humilde casa para aprender los secretos de la guitarra clásica.

Carlos Salcedo seguía avanzando para cumplir sus metas: hacer que Barrios sea reconocido en su país natal, lograr que los tesoros mangoreanos queden aquí, como patrimonio nacional de los paraguayos, escribir su biografía y realizar un filme sobre la vida de Nitzuga Mangoré, autor de más de 200 composiciones para guitarra clásica.
Estos años fueron para Salcedo años de lucha, de insistir, de batallar para que la prensa especializada le diera espacio, años de pelear contra acusaciones infundadas, tiempo perdido para demostrar que, a pesar de ser gringo, no era millonario y que, si se ha embarcado en esa cruzada por Mangoré, lo hizo porque la cree una causa justa, como es evitar que la existencia de un genio como Agustín Pío Barrios cayera en el olvido y mucho menos que lo olvidaran los paraguayos.
Entre tantas iniciativas, llevadas a cabo con la colaboración de amigos contagiados de su pasión, las más conocidas son: la restauración del busto de Agustín Pío Barrios ubicado en el Parque Caballero; la emisión de una estampilla rememorando un aniversario muy importante del fallecimiento del guitarrista y compositor, que el Correo Paraguayo accedió a emitir. Salcedo consiguió que se devolviera una de las guitarras de Barrios, que un folklorista había llevado a su casa “para que no se robe” y que se encuentra actualmente el Museo de la Música, en el Centro Cultural “El Cabildo”. Carlos Salcedo fue caminando hasta San Juan Bautista, Misiones llevando un cuaderno similar al que acostumbraba a llevar Barrios en sus giras, recorriendo el camino inverso que siguió Mangoré en Paraguay, antes de salir al extranjero. En ese cuaderno o álbum, la gente que hablaba con él dejaba una impresión escrita sobre la iniciativa del investigador. Así, demorando varios días, este perseguidor de la historia de Barrios fue conociendo un Paraguay diferente, hablando con personas humildes y sinceras, que muy poco sabían de Mangoré.
Además, este “yanquiguayo” halló pruebas del paso de Barrios por Cuba, rescató programas de los conciertos del Maestro y los trajo para enriquecer el acervo paraguayo sobre el músico. También viajó a Salerno, Italia, tierra donde murió la esposa brasileña de Mangoré, Gloria Silva, allí se entrevistó con descendientes del segundo marido de Silva. Siguiendo la ruta mangoreana, los viajes más importantes que Salcedo hizo son a El Salvador, a Venezuela, al Brasil, a Cuba y en todos ellos encontró huellas dejadas por Barrios que fueron integradas a su investigación.
El aporte de Richard “Rico” Stover, concertista de guitarra y autor del libro “Seis Rayos de Plata”, biografía de Mangoré, es también importantísimo. Stover cayó hace años bajo el hechizo de Barrios, desde entonces se dedicó a difundir su música y a escribir su biografía. Hace muy poco tiempo, en abril de este año, luego de 20 años volvió a editar ese libro, ésta vez en Paraguay, con el mismo título y en una edición muy enriquecida por el aporte del Centro de Proyectos Barrios Mangoré, dirigido por Carlos Salcedo Centurión.
Con el resultado de su “persecución” Salcedo publica en 2007, un libro “Agustín Barrios MANGORE “EL INALCANZABLE”, en una edición de lujo, bilingüe e ilustrada con fotos inéditas hasta entonces y una historia completa de la vida del músico. Proyecto que le fue posible realizar gracias al apoyo decidido de Margarita Morselli, directora del Centro Cultural El Cabildo, quien obtuvo los fondos del Congreso Nacional, necesarios para la publicación del volumen.
El jueves 29 se estrenó en el Salón de Conferencias del Banco Central del Paraguay la película “Santo de la guitarra – la historia fantástica de Agustín Pío Barrios”, corolario –por ahora- de la titánica tarea emprendida por Carlos Salcedo Centurión. Él es el realizador, guionista, director y factotum para la concreción del filme, pero siempre destacó la colaboración valiosísima de cineastas locales como Agu Netto y otros que, sin dudar, lo acompañaron desde el inicio y se brindaron generosamente al proyecto. El Estado paraguayo no ayudó con un céntimo para la concreción de este filme que competirá desde ahora –durante dos años- en el circuito de grandes premios internacionales de cine documental. Carlos Salcedo golpeó todas las puertas de los organismos culturales que hubiesen podido ayudarlo, pero nadie respondió.
El Dr. Carlos Bracamonte, Víctor Urrutia, los hermanos Endrino, todos alumnos de Mangoré son protagonistas del filme, así como un gran amigo de Mangoré: Otto Schleusz –organizador de conciertos de Barrios en Alemania –.
Ellos son ilustres Mangoreanos salvadoreños, ya todos muertos. El último en fallecer fue Urrutia, a los 97 años, el 1º de agsoto de 2010. Salcedo fue avisado del fallecimiento por el Dr. Carlos Payés, mangoreano de ley, que es devoto admirador de Barrios. Payés tiene mucha participación en el documental, allí cuenta que fue él quien hizo conocer a John Williams las composiciones de Mangoré, en sus partituras originales.
SANTO DE LA GUITARRA, LA PELICULA
La película toca la sensibilidad de quien la mira, por su intensa y profunda belleza. Salcedo advirtió que la obra es un homenaje a los músicos y que las escenas de los ángeles – de antología - son un tributo a Tomás Alea, director de cine, cubano.
El último tramo de la vida de Agustín Pío Barrios es el núcleo del filme y es relatado por quienes fueron sus discípulos, ya muy ancianos cuando Salcedo los entrevistó. De allí proviene la riqueza formal y de fondo de esa película. También contiene valiosos testimonios de dos grandes músicos paraguayos, Sila Godoy y Felipe Sosa. El fondo musical es música de Mangoré y solo hay una creación del Maestro Felipe Sosa.
La película es más bien un docudrama, como lo denomina Salcedo, con mucho acierto porque no es un documental frío y técnico, hay en él un hilo narrativo, un eje central, y se puede escuchar la música interna, la de los sentimientos y la emoción.
Los alumnos que conocieron al Maestro, lo recuerdan, dan detalles de lo que fueron sus últimos años y siguen venerándolo. Creo que ningún actor profesional hubiese podido imprimir tanta vibración como la que estos hombres le dan a sus parlamentos.
Los que fueron discípulos de Barrios impresionan por la soledad en que viven, son hombres solos, enfermos, pobres y muy dignos, que lamentaban, aún en el momento de las entrevistas, que su Maestro no haya tenido más fortuna en el mundo artístico. La mayoría de las veces los obstáculos se debían a la envidia de sus colegas, como en el caso de Andrés Segovia, que prohibía a sus alumnos interpretar obras de Agustín Pío Barrios.
Para mi hay, dos escenas, en blanco y negro, dignas del mejor cine. Una de ellas es la de los ángeles, incluyendo el ángel arrodillado que, sencillamente podrían calificarse como inigualables. La otra es la del cementerio de los Ilustres, donde se ve a Bracamonte y a su amigo Otto, caminando lentamente, así como caminan los viejitos, muy despacio, porque no quieren irse todavía.
Lita Pérez Cáceres

5 comentarios:

Nil dijo...

Gracias por la informaciíon, estoy ansioso por tener la oportunidad de ver el documental. Saludos

Rodrigo Arce dijo...

Muy lindo post, felicitaciones. Ironía: vivo en Paraguay y no consigo el documental.

Anónimo dijo...

Saludos desde Navarra (España)
Aquí hay un humilde Mangoreano que se muere de ganas por ver el documental, pero por más que busco desde hace un año...no encuentro. De cualquier forma, su post me ha hecho sentir como si lo estuviera viendo. Muchas gracias, de verdad.
Javier.

Anónimo dijo...

Yo ya he visto el documental completo el año pasado...es impresionante....!!!!

Anónimo dijo...

por qué es tan difícil de conseguir el documental? Es ridículo...!!